En los montes de San Martiño de Salcedo, a las afueras de Pontevedra, existe un proyecto pionero que permite viajar miles de años atrás en el tiempo a través de la arquitectura tradicional prehistórica. Más que un yacimiento clásico al uso, lo que allí se encuentra es una cuidada recreación experimental que devuelve a la vida las viviendas que ocuparon los primeros pobladores de la zona durante la transición entre el Neolítico y la Edad del Bronce.
Lejos de la imagen típica de los castros galaicos hechos enteramente de piedra, estas construcciones recuerdan que la vida cotidiana en aquella época dependía de lo que ofrecía el entorno inmediato. Levantar una de estas cabañas implicaba dominar la madera, la tierra y las plantas: se clavaban gruesos troncos para definir una planta circular u ovalada y se entretejían varas flexibles entre los postes. Todo este entramado se enfangaba a mano con una mezcla de arcilla, barro y estiércol que, al secarse al sol, creaba muros impermeables y sorprendentemente aislantes. Por encima, una techumbre cónica de paja y vegetación remataba la estructura, diseñada para evacuar la lluvia gallega con eficacia.
El corazón de la cabaña era siempre el fuego. Un hogar central mantenía el espacio cálido, ahuyentaba la humedad y servía para cocinar, mientras que a su alrededor la comunidad dormía, fabricaba herramientas y almacenaba el grano de las primeras cosechas.
¿Qué ver en la zona? Mucho más que una visita a las cabañas
Visitar este enclave cobra todo su sentido al ponerlo en relación con los vestigios reales que salpican la parroquia de Salcedo, como los grabados rupestres grabados en las rocas del monte o el vecino Castro das Croas. Todo el conjunto funciona como un mapa vivo para comprender cómo las antiguas familias de la Galicia prehistórica dejaron atrás el nomadismo para echar raíces en el territorio.












